Luis Eiber Jiménez es cuadripléjico desde los 7 años a causa de un accidente; hoy es un reconocido artista cuyos trazos sobre el lienzo los hace con su boca. Sus capacidades, vocación artística y espíritu motivador también le han permitido dictar clases de superación personal en Popayán.
Entre pinturas de caballos, casas y paisajes, en medio de pinceles y pinturas, se mueve en una silla de ruedas un pequeño hombre cuya sonrisa de oreja a oreja da la bienvenida a quienes vistan la pequeña sala donde hace y muestra sus obras.
Es Eiber, un muchacho originario de un corregimiento de El Tambo, Cauca, llamado San Joaquín, y no es un artista común, porque de su boca emergen más que palabras, brotan trazos de libertad y de optimismo a través de los pinceles que traducen tono a tono el suave movimiento de su boca, a la que él llama 'la puerta de su inspiración'.
Ese talento que hoy lo configura como un joven promesa de la pintura y como un líder nato, que ha trascendido las fronteras, se empezó a fortalecer luego de superar varias etapas duras de su vida; "mi accidente sucedió en octubre de 1992 cuando en una de las salidas que hacía con mi papá y otros familiares a cazar, a un primo accidentalmente se le disparó el arma impactando mi columna", recuerda Luis, refiriéndose al hecho que le causó la inmovilidad en todas las extremidades.
Sin embargo su capacidad de lucha no se dejó abrumar ni de los desalentadores dictámenes de los médicos que incluso le diagnosticaron pocos meses de vida, ni del divorcio de sus padres, ni de la pobreza que vivía en su campo. Hoy es un célebre pintor, que no olvida por lo que tuvo que pasar y cuya fortaleza es un ejemplo a seguir.
"Por varios meses estuve postrado en un asiento, éramos una familia muy humilde y no tuve la compañía de ningún profesional, me toco por sí mismo autoanalizarme y auto ayudarme, aunque en mi adolescencia sufrí un caos en el que no entendía lo que me pasaba, al principio lo miraba como un castigo muy grande de Dios, pero no entendía por qué, incluso hasta pensé en quitarme la vida", recuerda Luis Eiber.
Pero hoy eso que parecía un castigo poco a poco se convirtió en su mayor bendición. "Conocí la pintura a través de la cerámica, empecé a manejar el pincel con mi boca luego de aprender a escribir, y seguí con el dibujo en lápiz para manipular las técnicas, aprendí a bordar y a tocar la organeta", comenta 'Lucho', pero fue gracias a un amigo que le regaló un lienzo como empezó su prometedora carrera.
"El primer cuadro que pinte al óleo con mi boca fue una rosa allá en mi vereda, donde las limitaciones artísticas eran muy grandes, pero las ganas de aprender eran más enromes todavía... económicamente no tenía ni para mi primer lienzo", dice Luis Eiber emocionado de que esa rosa a la que le dedicó tres meses para terminarla este hoy en Suiza junto a otras cinco de sus obras mostrándole al mundo el fruto de su hazaña a través de una institución que lo considera una promesa del arte.
La tenacidad de Luis Eiber no solo lo hace autor de apetecidos cuadros, hoy le ha permitido vincularse a una de las clínicas más importantes de Popayán en la que labora como motivador y profesor de pintura. "Me inspira la libertad, he escogido el mundo del arte para demostrarle a la gente que a través de ella podemos tenerlo todo, que no debemos encerrarnos en los problemas que hay que soñar" dice este artista que firma sus creaciones como Sirio, evocando la estrella de luz que significa esta palabra.
Y de verdad que es una estrella, la experiencia de Luis es un espejo para muchas personas cuyas condiciones corporales son perfectas pero que se niegan a vivir, como dice el mismo: "A veces vemos a un discapacitado y decimos que ya no sirve, yo digo que las limitaciones graves no son las físicas, a veces las limitaciones más tenaces son las limitaciones mentales".
Las pinturas de este caucano no tienen nada que envidarle a las que se exponen en las grandes salas que recorren todo el mundo, son más que cuadros y trazos, son la narración de una vida que no se dejó truncar por la adversidad y que está dejando huella.
Bien lo dice ´Lucho´: "Sueño con dejar un ideal, sueño con que todo lo que estoy haciendo y logrando, sea recordado en un futuro, quiero dejar mi legado para que dentro de cien, doscientos, trescientos o cuatrocientos años la gente se acuerde de este pintor que soñaba con la libertad".
Ferney Meneses Gutiérrez