“Sueño con una Colombia sin armas y sin violencia”

José William Gómez, 11 años después de ser víctima de la explosión de un 'cilindro bomba' cuenta en agendapropia.com cómo poco a poco ha ido recuperándose de las traumáticas heridas que le dejó el conflicto. Su historia es símbolo de valentía y lucha de los caucanos afectados por la violencia.

 

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Para José William Gómez, su prótesis le permitió nuevamente volver a realizar sus actividades cotidianas y a laborar en el campo.

/Foto: Ferney Meneses Gutiérrez – agendapropia.com.

 


 

Por: EDILMA PRADA CÉSPEDES

Especial agendapropia.com


Los recientes hechos violentos que se han presentado en el Cauca, trajeron a la memoria aquellos momentos dolorosos y tristes episodios que muchas de las víctimas del conflicto armado quieren dejar en el olvido.


José William Gómez, de 29 años de edad, es un ganadero del Cauca, a quien hace once años la detonación de un artefacto explosivo, 'cilindro bomba', le cambió la vida. Desde aquel momento para él se cerraron muchas puertas y aun recuerda con algo de rabia lo ensordecedor de ese momento.


"Eso fue horrible, se me derrumbó la vida", dice José William, cuando se le pregunta qué paso ese 10 de abril del año 2000, cuando una esquirla producto del estallido del cilindro le ocasionó graves heridas que terminaron con la pérdida de una de sus piernas.


José recuerda, que ese día, guerrilleros de las Farc habían salido muy temprano a la vía Panamericana, (entre los municipios de Popayán y Cajibío), "secuestraron gente, quemaron buses, carros, camiones y dejaron explosivos a lado y lado de la vía". 


En aquella época, José William, era apenas un joven que estudiaba, y aprovechaba sus ratos libres para trabajar en una pequeña parcela familiar ubicada en la vereda El Cairo, jurisdicción de Popayán.


Minutos antes de acercarse al lugar donde le ocurrió el accidente, viajaba en una camioneta, cuyo conductor se vio obligado a detenerse ya que algo raro sucedía en la vía internacional.


"Llegábamos al retén a ver qué sucedía ahí". El muchacho, sin saber lo que pasaba, caminó hacia el sitio donde estaban los cilindros cargados con explosivos, sin percatarse que algo malo le podría suceder. "El Ejército no hizo bien el procedimiento, no corrió a la gente, no aisló a la población civil del perímetro y las detonó", recuerda.


De un momento a otro una explosión sorprendió a quienes estaban en el lugar. José, tirado en el piso en medio de la confusión, relata que sintió un fuerte dolor en la pierna derecha; una de las esquirlas del artefacto que se activó súbitamente le había generado una grave herida en su extremidad.


Nunca se imaginó, que ese tranquilo día en el que regresa a su vereda le daría un giro a su vida, doloroso suceso del que confiesa aún no ha podido reponerse.


"Fue muy duro llegar al Hospital acá en Popayán (...) había un trancón en la vía Panamericana, yo me estaba desangrando, (silencio) el transcurso de El Cairo aquí (ciudad de Popayán) fue muy duro. Cuando sentí fue que me pusieron una mascarilla en la cara".                 Jose William Gomez - victima mina  14 ok


Al día siguiente, en el centro hospitalario, su despertar fue traumático. Los médicos habían decidido realizar un procedimiento, tal vez el único para salvarle la vida, pero fatal para un joven lleno de sueños, "ya estaba amputado".


Desde ese instante empezó una segunda etapa para la vida de José William Gómez. El joven alegre, inquieto, lleno de ilusiones y con muchos proyectos en mente, ya no tenía ganas de luchar.


"Se te cierran puertas laborales, sentimentales, personales, los amigos se aíslan, me separé de mi mujer, perdí a mi hijo, se derrumba todo, todo se derrumba, se vuelve muy dura la vida", cuenta José mientras su mirada se pierde en el horizonte.


Confiesa que después de un hecho como ese, el trauma de la explosión, el rechazo de la gente y ver su cuerpo incompleto, le ha generado todo tipo de sensaciones, tristezas, arrepentimientos, rechazos y a veces odio hacia la misma vida.


"Duro, duro, no se (silencio). Tal vez las ganas de estar vivo, tal vez la chispita de vida, mi hijo, me ha dado para poder sostenerme en estos 11 años de accidente, han sido duros, pero ahí voy. Mucho trabajo, mucho sacrificio; (silencio) mil oportunidades se me han ido, personales, sentimentales, trabajos, todo es muy duro", dice.


La recuperación

La recuperación de José William, fue un proceso lento y de mucha paciencia.


Cuenta que en aquel tiempo desconocía de la existencia de prótesis y mucho menos de organismos que brindaran ayuda tanto sicológica como médica a las víctimas de minas antipersonales y munición sin explotar.


"Yo duré tres años en una muleta; de una muleta a un asiento, y de un asiento a una cama", narra. Sin poder trabajar y requiriendo la ayuda de otra persona para superar los obstáculos de los desplazamientos, por ejemplo subir y bajar gradas, pasar una calle con mucho tráfico, fueron algunos de los traumas que tuvo que superar.


La prótesis, una esperanza


José relata que por cosas de la vida llegaron al Hospital de Cajibío unos funcionarios de CIREC, Centro Integral de Rehabilitación de Colombia, que le brindaron la mejor de las oportunidades.


"Luego de conocer mi situación me llevaron a Bogotá, me pusieron una prótesis, de polipropileno. Allí ya fue una chispita de vida, un empujoncito porque soltar las muletas y tener las manos libres, eso lo fue todo para mí".


Sin embargo, abiertamente se refiere a que las prótesis que dan en CIREC no son para trabajo forzado. "Se me dañó la prótesis por el trabajo en la finca y quedé otra vez varado, y me tocó hacer muchos procesos para volver a recuperarla", cuenta.


José, dice que en medio de su drama, ha tenido que 'pelear' muchas batallas como la de lograr que el Estado le diera una prótesis robótica que le permita realizar trabajos agrícolas, teniendo en cuenta que es su labor diaria.


"Me ha tocado poner hasta tutelas para poder que me dieran una buena prótesis, prótesis de última tecnología, porque es que mi trabajo de campo, es tierra, barro, al sol y al agua, entonces las otras se dañaban muy rápido. (risas) en medio de todo se aprende hasta de abogado me ha tocado (risas)".


El hijo de José William ha sido un apoyo fundamental en su etapa de recuperación. Para él, la relación con el chico que ya tiene 12 años de edad, le ha permitido ganar otra batalla, la tristeza.


"Le comento mucho lo de mi pie, le muestro mi 'mocho', que lo toque, le muestro mucho la prótesis, que la analice, que la vea, me ha tocado concientizarlo, pues que toda la vida me va a ver así, hasta que me muera".


José William, hoy está convencido de que las víctimas de las minas antipersonales se deben unir y "entre todos lograr que sean escuchados".


Se aterra al enterarse que todos los días un colombiano más, un niño, campesino, soldado, o una mujer, caen en los campos minados o que resultan gravemente heridos tras la explosión de artefactos no convencionales.


"Vemos que cada día somos más 'los mochos', 'los desbaratados', como los yo llamo yo, (risas) entonces a veces eso es una moral, porque una ya ve, personas sin un brazo y más graves, entonces ya como que uno dice, a bueno, no estoy solo", dice.


Lo que pasa en el Cauca


José, se cuestiona una y otra vez por qué el conflicto no termina. Y al realizar comparaciones de la violencia de hace 10 años, concluye que las cosas siguen igual y le duele que cada día hayan más personas padeciendo el drama que él vivió.


"Horrible, es una asquerosidad, como así que nosotros los campesinos nos estamos matando y lo más triste es que las víctimas somos nosotros los que no tenemos nada que ver con este conflicto armado. Sueño con un Colombia sin armas, sin guerra", expresa.


Por ello, y para ayudar a las víctimas del conflicto armado decidió hacer parte de la Asociación de Sobrevivientes de Minas Antipersonales y Munición sin Explotar, ASODEAM, desde donde se capacitan con el único objetivo de mejorar las condiciones de vida.


"Desde allí orientamos a las personas para que hagamos respetar nuestros derechos, como víctimas tenemos derecho y buscamos las formas para que nos ayuden, que no nos olviden".


Así como ASODEAM, la Fundación Tierra de Paz, se convirtió en uno de los apoyos fundamentales para no dejarse invadir de la desesperanza y la confusión. José cree que sin la asesoría de esta fundación habría sido muy difícil avanzar en sus procesos de recuperación integral y de reivindicación de sus derechos.



Saca su libreta de uno de los bolsillos de su pantalón, y empieza a leer uno a uno de los derechos que tienen las víctimas de artefactos no convencionales.


"El primer derecho que uno tiene como víctima es a la atención médica, debe ser inmediato y veces no se cumple. Tenemos derecho a médico y atención hospitalaria totalmente gratis; rehabilitación integral que incluye la prótesis y ayudas técnicas; transporte gratuito; capacitación en el SENA; subsidios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; vivienda y crédito de interés solidario; las víctimas tienen seis meses para hacer la reclamación de reembolso, entre otras".


De igual manera, manifiesta que ellos como víctimas tienen derecho a conocer la verdad de lo ocurrido en el accidente y a que se haga justicia, aspectos que ve como imposibles.


"Imposible en esta guerra, es muy difícil saber quién sembró la mina, complicado, ahora investigación, yo este punto lo veo muy lejano para uno como campesino".


José William Gómez, pese a su condición física, sigue empeñado en trabajar en su finca, y desde ASODEAM lucha para que el Estado y los colombianos no vean a las víctimas del conflicto armado como meras cifras sino como compatriotas que necesitan apoyo para poder recuperar sus vidas.

 

 

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